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Por Alejandro Mendoza Plaza, de Mendoza-Ingeniero®
Trabajar para el
siguiente: norma de trabajo
para la integración
Aparecido
en www.prevencionintegral.com , editorial 4º de Septiembre 2004
La integración de la prevención, o mejor dicho la
falta de ella, está reconocida como una de las principales causas de
la todavía alta siniestralidad en España (quizá el país con más
accidentes de Europa) pero, en qué consiste y cómo se puede llevar
adelante teniendo en cuenta que el 96% de nuestras empresas es del
tipo micropyme o pyme? ¿Qué problemática adicional presenta esta
circunstancia y cómo se puede resolver? Con el ánimo
de centrar el significado de la integración de la prevención, hacemos
la siguiente propuesta: la integración de la prevención se habrá
realizado en una empresa si todos los trabajos en ella (técnicos,
administrativos, directivos etc.) se realizaran preventivamente, es
decir, considerando por quienes los llevan a cabo cuáles son sus
consecuencias, y ejecutándolos de manera evitar problemas a los
trabajos posteriores. En pocas palabras, “trabajar para el siguiente”.
Dado que los trabajos se hacen en cadena, si esta norma de trabajo
(preventiva por excelencia) se aplicara siempre a todos los trabajos,
tendríamos la integración resuelta y por su medio se evitarían no solo
las condiciones de riesgo y accidentes, sino además equivocaciones,
repeticiones de trabajos, el estrés etc. y las pérdidas económicas
asociadas. Identificar el concepto “integración de
la prevención”, concepto atractivo pero complejo donde los haya, con
el mucho más concreto de norma de trabajo “trabajar para el
siguiente”, tiene una gran ventaja desde el punto de vista de la
gestión, pues esta última es mucho más fácil de medir. En efecto, para
saber si una planificación semanal está “hecha para el siguiente”,
solo hay que preguntarle a aquellos que tienen que hacer los trabajos
planificados, o para saber si un mensaje se tomó para el siguiente,
solo hay que preguntarle a quien lo recibió, y así sucesivamente.
Saber si el proceso de planificación tienen integrada la prevención,
puede ser más complejo de saber. Pues bien, desde la
experiencia profesional de muchos que nos dedicamos a asesorar a las
empresas, se puede afirmar que esa norma de trabajo, y para el caso
cualquier otra, puede implantarse en la empresa (o sea, integrarse),
si se gestiona (planifica, organiza, dirige y controla) lo necesario:
“solo” se necesita empeño, trabajo en equipo y método.
Para integrar la prevención en una empresa individual se necesitan dos
condiciones por lo menos: una, identificar qué es la integración de la
prevención; otra, evaluar que el ejercicio de integrar la prevención,
es interesante para la empresa. Es decir, si el empresario
identificara el trabajo a hacer y lo estimara ventajoso
(económicamente, reconocimiento, fiscal, laboral etc.), se pondría en
marcha para conseguirlo: pondría su empeño y buscará los medios. En
este sentido, integrar la prevención no es diferente de integrar una
nueva línea de producto, o integrar un nuevo software de gestión
administrativa. En el momento actual el problema es
que muy pocas empresas han sido capaces de cumplir esas dos
condiciones, en un escenario donde el modelo de sistema preventivo
implantado, formado por la Administración, Sindicatos y Asociaciones
Empresariales se centra en la Ley, la inspección y la sanción, y no
contempla la labor pedagógica cerca de los empresarios, que la
introducción del concepto de integración (qué es, cómo se hace, qué
ventajas aporta etc.) requiere, así como la mejora de la capacidad de
gestión empresarial que exige para tantas empresas1.
Se oyen voces de crítica2 para el sistema y recomendaciones
para su ampliación a múltiples bandas y su transformación para
estimular (no subvenciones) la iniciativa de las empresas más allá del
cumplimiento de la normativa. Confiemos en que más pronto que tarde
sean escuchadas para que de esa manera, se posibilite de manera
generalizada, que muchas más empresas puedan beneficiarse de la
integración de la prevención. Mientras tanto, la
información de la integración y el interés para la empresa puede
llegar a las empresas particulares a través de la prensa
especializada, Internet y el boca a boca desde empresas pioneras.
Bienvenida sea esa posibilidad, y en ese flujo de información los
técnicos prevencionistas tienen una gran labor que desarrollar. Animo
y a ello.
A. Mendoza, Ingeniero Industrial Asesor para Gestión Preventiva y Auditor de Sistemas de Prevención.
www.mendoza-ingeniero.com
1Micropymes y Pymes fundadas y gestionadas por excelentes
oficiales que un día decidieron ponerse por su cuenta.
2Artículo “Qué hacemos con los Riesgos Laborales? De
J.A.Sagardoy, catedrático de Derecho del Trabajo, en Expansión y
Empleo.com de 15 de Septiembre de 2004.
“Trabajar para el
siguiente” ¿clave para la integración de la prevención y la Cultura
Preventiva? Aparecido en
www.forodeprevencion el
16.09.04
Resumen: El artículo
presenta el concepto del proceso, y afirma que en la empresa todo
trabajo es un proceso. Basado en ello, plantea que en la empresa los
procesos se realizan en cadena. Explica qué entiende por “trabajar
para el siguiente” y que esa forma de trabajar es preventiva de la
siniestralidad, y su implantación en la empresa es una vía para la
integración de la prevención y la cultura preventiva: dos caras de la
misma moneda. Afirma además que se necesitan pocos recursos para
implantar esa forma de trabajo y que los beneficios son grandes en
términos de mayor calidad de vida laboral para todos y menor coste de
la no calidad. Invita a los lectores a expresar su opinión sobre el
tema para, entre todos, comprenderlo mejor; y a extenderlo en sus
propias empresas, como medio de colaborar a la verdadera integración
de la prevención y la cultura preventiva, más allá de la documentación
y las obligaciones legalistas. En la empresa,
todo trabajo es un proceso, y los procesos van en cadena. Hay procesos
sencillos, como tomar un mensaje telefónico, o archivar un documento;
hay proceso complejos, como seleccionar un candidato para un puesto de
trabajo, o planificar el trabajo de la semana; hay procesos técnicos,
de compras, de ventas, de dirección etc. Pueden estar documentados o
no, pero todo trabajo es un proceso: una serie de acciones que
producen un resultado. Las actividades de un proceso
se realizan sobre las entradas y producen las salidas o resultados, y
para llevarlas a cabo se usan herramientas y conocimientos, se
respetan requisitos y se cumplen normas de trabajo. La realización del
proceso implica por lo menos tres figuras: el propietario que lo
ejecuta, el proveedor que suministra la “entrada” sobre la que
trabajar, y el cliente, que recibe el resultado del proceso.
Raramente hay procesos de un solo proveedor o de un
solo cliente: el pasar un mensaje telefónico puede tener un solo
proveedor (quien suministra la información), y un solo cliente (el
destinatario), pero el proceso de selección del candidato no es sólo
el trabajador seleccionado sino también el resto de la empresa que
puede verse afectada por esa decisión y sus futuras actuaciones.
El concepto del proceso es cultural (no hay que confundirlo con el
procedimiento escrito), y trasciende la documentación: un proceso
puede estar documentado o no, pero sigue estando ahí. Y también
trasciende a la propia empresa, es decir, los procesos que se llevan a
cabo en las empresas contratistas, afectan a las contratantes; los
procesos realizados en las empresas proveedoras afectan a las empresas
clientes, y las actividades de las empresas afectan al medio ambiente
etc. Se aplica a las empresas de cualquier tamaño y actividad porque
en todas ellas hay procesos. Y evidencia el concepto de cadena, pues
el resultado del proceso es para un siguiente, que a su vez trabaja
para otro siguiente, y así sucesivamente hasta el último proceso de la
empresa. En la empresa, los procesos se asignan a
los puestos de trabajo, y éstos son asignados a su vez a sus empleados
y trabajadores, a sus encargados y a sus directivos. Así, el proceso
de selección de personal está asignado al Jefe de Personal, el de
tomar los recados telefónicos está asignado a la Recepcionista y el
archivo de documentos está asignado al Oficial Administrativo. Cada
proceso, pues, tiene un responsable, y éste tendrá la oportunidad de
hacerlo cumpliendo con los requisitos del siguiente, o por el
contrario despreciándolos, y a su propia comodidad.
“Trabajar para el siguiente”, haciéndole la vida fácil y anticipando
sus problemas, es una forma preventiva de trabajar; ignorar o
despreciar los posibles problemas que un trabajo deficiente puede
crearle, no lo es. Así pues, implantar esa forma de trabajar, es una
forma de integrar la prevención en la empresa o de mejorar la Cultura
Preventiva (dos caras de la misma moneda). Seguramente muchos técnicos
estarán de acuerdo en que en una empresa en la que los procesos se
realizan en modo “trabajar para el siguiente”, tiene integrada la
prevención; o que, en otras palabras, “trabajar para el siguiente” es
una clave para la integración de la prevención. El
objetivo de implantar la norma de trabajo “trabajar para el siguiente”
puede llevarse a cabo mediante tres tipos de actuaciones:
compromiso (personal y empresarial), trabajo en equipo (con
participación de los representantes de los trabajadores) y
metodología adecuada. “Trabajar para el siguiente” es un objetivo
medible, pues para saber si se trabaja para el siguiente, sólo hay que
identificarle preguntárselo. Si su respuesta es positiva, hay que
continuar el trabajo de esa manera, si es negativa hay que aprender
sus necesidades, rectificar y hacerlo bien desde la siguiente vez.
¿Qué recursos (inversiones, personal etc.) requerirá este cambio
cultural? La respuesta dependerá de cada empresa, pero en opinión del
autor serán muy limitados pues prácticamente se reducen a la
identificación de los procesos, a asignarlos a los puestos de trabajo,
a evaluar el desarrollo preventivo de los puestos de trabajo y a
implantar un sistema de acciones correctoras siendo todas ellas
actuaciones que no requieren inversiones: solo algo de formación y
mucho empeño empresarial. Poco más. ¿Qué beneficios
reportará la implantación de “trabajar para el siguiente”?: menos
errores, menos repeticiones de trabajos, menos estrés, menos bajas
laborales, menos accidentes y enfermedades laborales, en definitiva
todo lo que se incluye en el coste de la no calidad, y que se
transformará en mayor calidad de vida laboral para todos y mejor
posicionamiento de la empresa en el mercado. Sí,
“trabajar para el siguiente” es una buena vía para la integración real
de la prevención (cultura preventiva) en la empresa, más allá de
documentaciones y obligaciones legales; también porque mediante el
concepto del proceso es posible crear sistemas documentados que
cumplan los requisitos de la Ley de Prevención (Plan de Prevención) y
los de ISO, OHSAS y otros. Sin embargo antes habrá que
resolver unos problemas importantes. El primero, y por ello el más
importante en este momento, es darlo a conocer a empresarios y
trabajadores; y el segundo, deshacer las dos “míticas” razones para la
no implantación de la cultura preventiva: no se sabe qué es, y es cara
de implantari . Quizá el presente escrito
contribuya a la resolución de esos problemas pues concreta y
caracteriza la cultura preventiva por la frase “trabajar para el
siguiente”, y demuestra que no es cara. Ojalá que suscite la atención
de los lectores y estimule que se compartan puntos de vista que nos
enriquezcan a todos, para contribuir a divulgar y producir la
verdadera integración de la prevención en las empresas. Es el sincero
deseo e invitación del autor.
A. Mendoza,
www.mendoza-ingeniero.com
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por el autor en Foro de Prevención
¿Mínimo legal y Cultura
Preventiva? Aparecido en El Levante el
18.06.04
Respecto al cumplimiento de la
Normativa de Prevención, ¿qué conviene más, el mínimo legal o la cultura
preventiva?. En muchas empresas se han instalado sistemas de gestión basados en
el mínimo legal, pero los basados en la cultura preventiva presentan una opción
mejor porque convierten un gasto “puro y duro” en una inversión productiva.
Veamos por qué. Lo que se conoce por “mínimo legal” para el
cumplimiento de la Normativa de prevención incluye, un conjunto de actividades
preventivas (la Evaluación de Riesgos, equipos de protección, planes de
emergencia, vigilancia de la salud etc ) que se orientan a minimizar el efecto
de los accidentes sobre los puestos de trabajo “de riesgo”, es decir, aquellos
como los de producción, los de almacenes, repartos etc. que sufren los
accidentes. El sistema basado en el mínimo legal, incluye un contrato con un SPA
(Servicio de Prevención Ajeno), que cuesta 4,200 €, o más, al año para una
empresa de 100 personas, y se pone bajo la responsabilidad del Responsable de la
Prevención (un técnico de prevención nuevo por lo general y contratado al
efecto); mientras, todos los demás, cadena de mando incluida, siguen adelante
con sus ocupaciones, sin casi implicarse en la prevención. Aunque el sistema reduce temporalmente la siniestralidad, más pronto que tarde,
transforma al responsable en un “vigilante” empeñado en que los demás cumplan
sus obligaciones preventivas, y a éstos, en vigilados, empeñados en evitarlas;
con ello se crea una “cultura defensiva” de la prevención, que contribuye a que
la siniestralidad vuelva a sus niveles anteriores, a medio plazo. La Cultura Preventiva, es el paso siguiente, pues está concebida desde la idea
de que en la empresa todos los procesos van en cadena y la seguridad requiere
que TODOS los procesos, no sólo los de riesgo, sean realizados preventivamente.
Así, un sistema de gestión basado en la cultura preventiva se ocupará TAMBIÉN,
de que la gestión de la empresa sea preventiva, que la gestión de compras sea
preventiva, que los presupuestos sean preventivos, que las ventas, el diseño, la
planificación también lo sean etc. El sistema basado en la cultura preventiva
seguirá necesitando el contrato con el SPA que le apoyará con los puestos de
trabajo de riesgo, pero presenta una tremenda oportunidad de mejora respecto al
del mínimo legal. En efecto, la cultura preventiva,
caracterizada en ocasiones con la frase “trabajar para el siguiente”, evita no
solo los accidentes, sino también muchos hechos indeseados que vienen de errores
o imprevenciones en los procesos anteriores (gestión empresarial, compras,
presupuestos, ventas, planificación etc.), que provocan repeticiones del
trabajo, retrasos en las entregas etc. y por consiguiente estrés y
desmoralización en los procesos posteriores; y, por lo mismo, faltas de interés,
faltas de puntualidad, bajas médicas por enfermedades psicosociales,
depresiones, y al final incluso accidentes. Todo ello en conjunto, cuesta lo que
tradicionalmente se ha llamado “coste de la no calidad”, una cantidad valorada
en el 20% de la facturación, en la literatura de la calidad total; es decir, 1.2
M€ al año, para una empresa de 100 personas que facturara 6.0M€ al año. Pero, ¿cuánto más cuesta tener un sistema basado en la “cultura preventiva” que
uno basado en el “mínimo legal”? El autor ha desarrollado el sistema AMeP Safe-Pro©
basado en la Cultura Preventiva, y está en condiciones de demostrar que la
implantación de la tecnología de Gestión Preventiva, cuesta como máximo 35.000
€. por una sola vez (unas 1.800 horas-hombre invertidas en transferencia de
tecnología, gestión, formación en cultura preventiva y documentación de los
puestos de trabajo), para una empresa de 100 empleados.
Con esta inversión adicional (35.000€), el sistema clásico de
Gestión de la Prevención basado en el mínimo legal, puede producir una mejora de
la cuenta de resultados de por lo menos una fracción de ese 1.2 M€ al año, en
concepto de menor coste de la no calidad (para esa empresa de 100 personas). Esa
mejora es una ventaja competitiva directa que pocas empresas perderían, si sus
empresarios llegaran a conocerla, y que convierte a la inversión en Cultura
Preventiva en una de las más rentables de la empresa.
Alejandro Mendoza Plaza, Ingeniero Industrial, Junio 2004
Cultura preventiva
Aparecido en Las Provincias el
18.4.04 en la sección "Cartas al director"
Estimado Sr Director:
En el debate de investidura de ayer
(17 de Abril 2004) se impulsa por algunos una "cultura del agua"
basada en el ahorro y quiero introducir el concepto CULTURA PREVENTIVA para
el ahorro de los accidentes laborales y de tráfico.
No he tenido oportunidad de escuchar
con el énfasis que yo creo se requiere, la preocupación de nuestros
líderes por la siniestralidad laboral (tres muertos diarios), o por la de
tráfico (100 muertos sólo en Semana Santa) y quisiera ofrecer mi
reflexión sobre la importancia de la CULTURA PREVENTIVA para la
ELIMINACIÓN de la siniestralidad.
Todo accidente hubiera podido ser
evitado si se hubiera aplicado la prevención adecuadamente; y ello no es
cuestión sólo de leyes, sino de CULTURA PREVENTIVA, que hace que la
preocupación sobre los efectos sobre la siniestralidad de nuestras
acciones, sea una constante en la actuación de todos; empezando por
nuestros líderes políticos de manera que se ponga en marcha una especie de
"EFECTO DOMINÓ" hacia la cultura preventiva que termine por
empapar a todos. Trabajar preventivamente no es trabajar lento, sino
trabajar bien , algo así como "TRABAJAR PARA EL SIGUIENTE" lo
cual ahorra accidentes y muchos errores que cuestan mucho a todos.
Alguien dijo que los accidentes
laborales y de tráfico cuestan más del 1'6% del PIB; la CULTURA PREVENTIVA
podría hacer ahorrar mucho de ese capital que podría ser dedicado a otras
obras (sociales, investigación, apoyo al tercer mundo etc.) además de
evitar todo el dolor y sufrimiento a las víctimas. ¿No podría ser ésta
una idea a tener en cuenta aprovechando el presente debate de investidura?
A. Mendoza
Las
costumbres que faltan en nuestra Cultura Preventiva
Artículo
aparecido en la Revista de la Cámara Oficial de Comercio Industria y
Navegación de Valencia. Número 125 de Enero-Febrero 2004
En el contexto de la Seguridad y
Salud Laboral, (SST), la Cultura Preventiva de una empresa vendría a ser
algo así como el conjunto de usos, costumbre, conocimientos etc. que la
empresa emplea para evitar los accidentes (y Enfermedades Profesionales). Es
un concepto que se emplea, cada vez más, para explicar que en su carencia
radican las causas de los accidentes laborales.
La creciente concienciación en seguridad laboral está siendo notable en
los últimos años, desde la promulgación de la Ley de Prevención 1995 y
los Reglamentos que la han desarrollado. Hay muchas pruebas de ello: el
nivel de "tolerancia cero" que el público manifiesta hacia los
accidentes laborales, la atención continua de los medios de comunicación,
los miles de técnicos de prevención que ya trabajan en nuestras empresas,
el nivel de formación de muchos trabajadores sabedores de sus riesgos,
planes de emergencias etc..
Sin embargo, los accidentes siguen
produciéndose, porque, en opinión de muchos, no hay "Cultura
Preventiva". O más exactamente, no hay lo que podríamos llamar
"costumbres preventivas" de trabajo: hay modos de trabajar que
parecen favorecer los accidentes y otros, que por el contrario, parecen
evitarlos. Un ejemplo: dos conductores que cumplen correctamente el código,
pero uno conduce de manera brusca (aceleraciones, frenadas etc.) y otro de
manera suave. Aún los dos cumpliendo la Ley, uno tiene una conducción
preventiva y el otro tiene una conducción de riesgo; uno puede ocasionar o
sufrir un accidente, con más facilidad que el otro. El cumplimiento de la
Ley no implica la existencia de las costumbres preventivas.
En todas las situaciones laborales
sucede igual: en personas que desarrollan la misma función, unas pueden
hacerlo "en manera preventiva", y otras "en manera de
riesgo". Un presupuesto puede ser preventivo o de riesgo; una venta es
preventiva y otra de riesgo; una soldadura se hace preventivamente y otra
no; un andamio se monta preventivamente etc. El concepto "costumbre
preventiva", no implica ni documentación ni inversión; no se
necesitan ni papeles ni equipos: pertenece al campo cultural.
Podría parecer que el tema
"costumbres de trabajo" es teórico y lejano de la realidad, pero
no: es real y bastan algunos ejemplos. Costumbres de riesgo son: "el
que venga detrás que arree", "ya vale, para lo que pagan",
"ande yo caliente..", etc.. Todas son muestras de trabajo
insolidario (y muy extendidas por cierto). En cambio costumbres de trabajo
preventivas son: "trabajar para el siguiente", "hacer las
cosas bien", "haz bien y no mires a quien" etc. Unas y otras,
son perfectamente conocidas, aunque no estén escritas en ningún
procedimiento documentado son "parte de la cultura".
El cambio cultural es una cuestión
muy práctica, que interesa a todas las empresas grandes y pequeñas. A
todas las actividades (construcción, agricultura, industria, comercio,
sanidad ...). Y a todos los actores de la prevención (autoridades,
empresarios, trabajadores, sindicatos, asociaciones..). Necesitamos cambiar
costumbres de riesgo por costumbres preventivas si queremos resolver la
siniestralidad laboral. Y para ello, los sistemas de prevención deben
favorecer las formas "preventivas" de trabajo. ¿Lo hacen ?. Me
temo que la respuesta es no, pues su mayor parte está diseñada para el
cumplimiento mínimo de la legalidad, y sin contemplar la cultura
preventiva.
¿Es posible cambiar las costumbres
de trabajo? Rotundamente sí; las costumbres se pueden cambiar si se
identifican y se buscan con compromiso, trabajo en equipo y mucho esfuerzo y
dedicación. Para ello hay que reforzar los sistemas de prevención actuales
con la Cultura Preventiva y la Gestión del Cambio Cultural. Una vez
identificadas las costumbres de trabajo, cuesta menos de lo que parece, y
tiene más ventajas de las que se puede imaginar. Y ya hay en el mercado
metodología práctica, que ha presentado resultados de reducción de
siniestralidad en edición 2003 de la feria Laboralia.
La Cultura Preventiva representa el
camino adelante en la resolución del problema de la siniestralidad laboral,
y cuanto antes se identifique como una actividad preventiva más, mejor.
Cambiar las costumbres de trabajo es un largo viaje, que como todos, empieza
por el primer paso que es identificar su necesidad. Todos tienen que
hacerlo: empresas, trabajadores, autoridades e instituciones; algunos lo han
hecho ya y otros están en el camino de hacerlo. Lo importante, ahora es
aumentar la masa crítica paa impulsar el cambio.
Alejandro Mendoza Plaza, Ingeniero
Industrial. Consultor para la Cultura Preventiva.
La
cultura preventiva
Artículo
aparecido en LAS PROVINCIAS, Valencia, el Domingo 25.01.04 en la sección
"Euros, Suplemento de Economía Ahorro y Empleo".
Hay una tendencia equivocada a
identificar la Cultura Preventiva, la forma de trabajar que evita los
accidentes, con los Sistemas de Gestión de la Prevención, y conviene
deshacer el equívoco: no es lo mismo trabajar con Cultura Preventiva, que
tener implantado un sistema de gestión de la prevención. La situación es
semejante a la que se produce en el campo de la gestión de la Calidad,
donde tampoco es lo mismo tener un sistema de gestión de la Calidad,
incluso certificado ISO 9000, que trabajar con un sistema de Calidad Total
en el que todos en la empresa, hacen su trabajo aplicando la calidad en cada
puesto de trabajo.
Y es que el sistema de gestión de la
prevención tiene que ver con documentación, auditorías, y, en general,
formalidades de la legislación; la Cultura Preventiva, en cambio, es una
forma de trabajar y no se refiere a documentación. Sin Cultura Preventiva,
el uso del sistema de gestión y sus formalidades tiende a reforzar la
cultura del formalismo: nada vale si no está escrito y firmado, pero no
tiene influencia en que la prevención de los accidentes forme parte de la
manera de hacer el trabajo.
La Cultura Preventiva ha de estar
formulada de manera que todos en la empresa puedan asimilarla y practicarla,
por ejemplo "trabajar para el siguiente", y no implica
documentación, porque cualquier persona que trabaja sabe qué necesita su
siguiente, y puede hacerlo directamente si tiene voluntad de ello, sin
firmas ni formalismos. Ni siquiera inversiones.
La Cultura Preventiva es, pues,
diferente de sistema de gestión de la prevención, y la existencia de un
sistema de gestión no produce necesariamente la cultura preventiva. La
implantación de uno y de otra en la empresa, se hace de manera diferente;
mientras la del sistema de gestión de prevención pueden hacerla expertos
externos, la cultura preventiva requiere el liderazgo de la propia empresa,
porque viene del estilo y la filosofía de dirección. La experiencia en el
campo de la Calidad, tan paralelo al de la Prevención, nos lo dice: hay
muchas empresas en las que la implantación del sistema de calidad se ha
hecho por expertos externos, se ha conseguido la certificación y no hay
cultura de calidad.
Las empresas han de comprender la
diferencia entre la Cultura Preventiva y los Sistemas de Gestión de la
Prevención para saber por qué, a pesar de las grandes inversiones
realizadas en éstos, no se han producido las bajadas de siniestralidad
esperadas: la acción "pura y dura" de los sistemas de gestión es
prácticamente irrelevante para la creación de la cultura preventiva. Si lo
hacen, resultará evidente que las actuaciones en el camino de la Cultura
Preventiva son también necesarias para eliminar la siniestralidad.
Alejandro Mendoza Plaza, Ingeniero
Industrial. Enero 2004.
La cultura preventiva
y los planes de choque.
Aparecido en Las Provincias de Valencia el 21 de Diciembre
de 2003.
Se leen en prensa artículos acerca de los
Planes de Choque para rebajar la siniestralidad, y llama la atención que no
mencionen la cultura preventiva, a pesar de que ya son muchas las voces que
la reclaman para resolver el problema. Se sigue suponiendo que la cultura
preventiva, algo así como esa manera de trabajar que evita los accidentes
laborales, vendrá como consecuencia de las actuaciones que se proyecta
realizar. La experiencia pasada muestra que no es así; no ha sido así en el
pasado reciente y, me temo, no lo será en el futuro próximo. Las actuaciones
convencionales como las que se proponen, han producido "legalitis" y no
cultura preventiva.
La Cultura Preventiva, se genera por la
gestión preventiva de las empresas, es decir, actuaciones directas que la
identifican y la promueven hasta conseguirla; justo como cualquier otra
cultura empresarial. Cultura
preventiva es "trabajar como si el trabajo en curso pudiera causar un
accidente a otros", o dicho en cuatro palabras: "trabajar para el
siguiente". Se basa en la constatación de que los procesos empresariales
van en cadena, y aporta la idea de que el "cliente" de la seguridad es,
además de uno mismo, alguien que realiza trabajos posteriores.
Con esta cultura preventiva, resulta más
evidente si cabe, que para evitar los accidentes y las enfermedades
profesionales, no solo se necesitan actuaciones relacionadas con el propio
trabajador, sino también que el trabajo de otros, se realice
"preventivamente". La cultura preventiva "trabajar para el siguiente", pone
claramente de manifiesto la importancia que tienen los trabajos anteriores
(dirección, administrativos, oficinas técnicas, etc.), que no sufren riesgos
por lo general, sobre la seguridad de los trabajos posteriores (técnicos
etc.), que sí los sufren, y, por lo mismo, da la oportunidad de que todos
colaboren a la seguridad de todos.
También pone de manifiesto quién tiene que
empezar para que haya cultura preventiva. ¿Puede empezar un puesto
intermedio de la cadena? No, pues se dará el caso de que tendrá que
compensar posibles defectos en trabajos previos. ¿Puede empezar el último de
la cadena? Menos todavía, porque el último no puede compensar todos los
fallos previos. Ha de empezar el primero de la cadena (la dirección), y ha
de continuarse por cada uno de los puestos intermedios hasta llegar al
último: solo así todos tendrán seguridad.
"Trabajar para el siguiente" es una nueva
forma de trabajar y representa un cambio cultural allí donde el trabajo
individual insolidario, o la "cultura del listo", es lo que priva, y allí
donde "los que vienen detrás", tienen que compensar lo que les dejan por
hacer los de delante, aunque sea sin mala intención. Para llevar adelante
ese cambio se requiere la "gestión del cambio cultural". La cultura
preventiva es lo único que puede eliminar los accidentes porque elimina el
aura que les antecede: las condiciones de riesgo provocadas por las
imprevenciones en la ejecución de los trabajos previos; por ello, cultura
preventiva y cero accidentes son dos caras de la misma moneda: una lleva a
lo otro. ¿Y no es cero accidentes lo único aceptable, como se ha dicho
recientemente?
"Trabajar para el siguiente" no solo
previene los accidentes sino también muchos otros sucesos indeseados en la
empresa, como errores, retrasos que cuestan repeticiones de trabajos,
entregas fuera de plazo etc. , por ello implantarla en la empresa tiene
múltiples ventajas.
"Trabajar para el siguiente" tiene un
significado pleno para los profesionales de todos los oficios (incluido la
construcción), pues todos ellos conocen perfectamente bien quién es "su
siguiente", y cuales son sus requisitos, por eso transciende el hecho de que
se tengan o no especificaciones escritas: no se trata de procedimientos
documentados, se trata de una manera de trabajar que evita los accidentes,
por eso es una nueva cultura: la cultura preventiva.
¿No sería bueno incluir estos conceptos en
los Planes de Choque contra la siniestralidad laboral? Si se hiciera,
tomarían el liderazgo que les corresponde hacia una Cultura Preventiva
concreta y efectiva, lo que produciría un gran salto en la buena dirección,
por ese efecto dominó que tienen sobre empresarios y trabajadores
particulares, que tantas veces se ha señalado.
El lector puede obtener más información de
esta "filosofía de dirección" visitando la página web del autor y, en su
caso, asistiendo los cursos que periódicamente se celebran en las
instalaciones de Mendoza-Ingeniero® de Burjasot.
Alejandro Mendoza Plaza, Ingeniero
Industrial.
Objetivo: cero accidentes.Artículo aparecido en El Pais en
2.11.03
¿Tienen nuestras empresas objetivos
numéricos de reducción de su siniestralidad? Las empresas tienen objetivos
anuales que se refieren a la producción, a los beneficios, a las ventas
pero, ¿cuáles son sus objetivos anuales de siniestralidad? Aunque no hay
reglas fijas, mi experiencia personal es que algunas (¿muchas?) empresas
tienen una actitud fatalista: los accidentes, y las enfermedades
profesionales, son parte del trabajo y no se pueden evitar; por ello su
sistema de prevención está centrado primariamente en disminuir sus
consecuencias, a través de servicios médicos y jurídicos. En coherencia con
que los accidentes no se pueden prevenir, no se fijan objetivos concretos de
siniestralidad o si lo hacen, típicamente consisten en algo semejante a
reducir a la mitad los del año anterior; de esta manera, una empresa que
hubiera tenido diez accidentes el año pasado, se dará por satisfecha si
tiene cinco este año.
A estas empresas hay que decirles que los
accidentes y las enfermedades profesionales (EEPP) SÍ se pueden evitar
trabajando preventivamente, pues todas las investigaciones de accidentes,
llevan a que son imprevenciones, en muchos casos "atajos" en la ejecución de
procesos mal diseñados, los que los causan. En la empresa, todo trabajo es
un proceso y el sistema para evitar los accidentes es usar la prevención en
todas sus partes (actividades, procedimientos, diseño, materiales,
instalaciones etc.). Por ello, ya que es posible prevenir los accidentes, SÍ
sirve ponerse objetivos de reducción de siniestralidad. Pero, ¿qué
objetivo?. "Cero accidentes" es lo único aceptable por todos, pues el
objetivo de tener cinco accidentes, de nuestra empresa típica, no es
aceptable por aquellos que los sufren.
Ya se conocen empresas que tienen "cero
accidentes" como objetivo de siniestralidad: son las que se han dado cuenta
de que la seguridad en el trabajo "no es una prioridad de gestión, sino
un requisito previo; una cuestión de valores humanos" y desde luego la
consideran mucho más que una obligación legal. Es de esperar que el objetivo
se vaya extendiendo a las demás empresas pues, estando los procesos en
cadena, la seguridad de unas afecta a las
otras..
Es esencial que el objetivo de cero
accidentes, venga del Director General, para que a su vez, sea aceptado por
todos en la empresa. El mecanismo es un sencillo efecto dominó: asumido el
objetivo por el número uno de la empresa, éste lo traduce y traslada a los
jefes de los departamentos, éstos a los jefes de las secciones, y éstos a
los encargados; cuando todos los mandos están implicados, los trabajadores
les siguen y el objetivo queda integrado. Asignar un objetivo, implica su
evaluación anual: cada año el trabajador y su jefe inmediato comprueban lo
conseguido y se actúa en consecuencia. Gestionando de esta manera, con
medición, el objetivo anual "cero accidentes" se convierte en parte del
trabajo, como los de producción o de ventas, y así se integra la seguridad
en el trabajo. El objetivo "cero accidentes" no puede ser sólo del
responsable de la prevención, sino de todo el mando, y requiere su
implicación efectiva en la investigación de los accidentes, en la
implantación de las acciones correctoras y en la manera preventiva de hacer
todos los trabajos en la empresa.
Frente a la asignación del objetivo "cero
accidentes", es comprensible que los gerentes se vean perdidos en primera
instancia, pues la gestión de la prevención tradicional, fundamentalmente
burocrática, no es efectiva para evitar la siniestralidad. Sin embargo, la
gestión empresarial orientada al proceso individual, puede ayudarles a
resolver la situación. Ésta es una técnica de gestión empresarial cuyo motor
es el proceso, que permite a cada trabajador, aplicar la prevención a sus
procesos individuales. La gestión preventiva de la empresa basada en el
proceso individual es sencilla y económica, y permite a cada trabajador
participar mejor en el conjunto de la empresa, aportar más seguridad para sí
mismo y para los siguientes de la cadena, y, en fin, colaborar eficazmente
en la integración de la cultura preventiva en la empresa. Con esta técnica,
el gerente puede, además, liderar la tradicional gestión de la prevención, a
menudo encabezada por la Mutua y los Servicios de Prevención Ajena, pues
todo su contenido (EVR, Formación, Vigilancia de la Salud, etc.) pasa a
tener sentido alrededor de los puestos de trabajo y los procesos de la
empresa.
Cero accidentes presenta una situación en
la que todos ganan, e iniciar el "efecto dominó" que haga que sea asumido
cada vez por más empresarios particulares, requiere el liderazgo
comprometido de los agentes sociales, Autoridad Laboral, Patronal y
Sindicatos, y el de las empresas emblemáticas que ya lo han adoptado.
Confiemos en que esto se produzca y pronto muchas empresas asuman el
objetivo cero accidentes pues, como queda dicho, es lo único aceptable.
A. Mendoza, Ingeniero Industrial, de la
firma Mendoza-Ingeniero® Autor del libro Sistema de Gestión de Riesgos
Laborales AMeP Safe-Pro©
Cultura preventiva
Aparecido en Las Provincias el
17.11.03
Hay varias dificultades técnicas para que
la cultura preventiva se instale en nuestras empresas que conviene poner de
manifiesto para superarlas.
La primera de ellas es que no se sabe bien
qué es; nos referimos a ella como a una quimera inalcanzable o un bien
utópico que, de existir, resolvería los problemas de siniestralidad de las
empresas. Una vez oí a un amigo mío decir que la cultura preventiva sería
"como si la prevención formara parte de nuestra forma de ser", y creo que es
una definición con la que muchos, yo incluido, estarán de acuerdo, aunque
sea difícil de hacer cosas con ella en sentido de gestión
empresarial.
La segunda dificultad se relaciona con la
primera, y con que el empresario la ve potencialmente como un nuevo gasto
que le viene encima a pasos agigantados. Es un gasto que desde su punto de
vista se añadirá a los otros en los que se ha convertido la prevención y es
la tercera versión de una "historia" que se ha producido, primero con la
Calidad y después con el Medioambiente; un gasto al que se opondrá hasta que
no tenga más remedio.
Y sin embargo la cultura preventiva es una
cosa concreta que no cuesta apenas dinero de implantar. En nuestra
propuesta, sería algo así como hacer todos los trabajos de la empresa "como
si cada uno de ellos pudiera provocar un accidente". Esta forma de trabajar
sería la de todos, (desde el Director hasta el último trabajador o empleado
pasando por todos los técnicos y directivos), para hacer todos los trabajos
(los administrativos, los técnicos y los de dirección.)
La "forma preventiva" de trabajar, ya es
conocida y practicada en los trabajos que se sabe positivamente que pueden
provocar un accidente, o salvar una vida, como por ejemplo las operaciones
quirúrgicas o los trabajos con explosivos; y muchos otros no tan dramáticos,
como la ejecución de un trabajo de compromiso o la repetición de uno que
salió mal. ¿Por qué no usar esa forma de trabajar, para todos los trabajos
de la empresa ? ¿Es que los trabajos digamos, "normales" no pueden causar
accidentes y no merecen ser hechos de manera preventiva?
Todos los trabajos van en cadena y
cualquiera de ellos puede producir un accidente para quien lo realiza, y más
a menudo y peor, para uno que viene detrás. Es algo generalmente admitido
por todo el mundo que imprevenciones en los procesos anteriores (dirección,
planificación, ventas etc.) producen condiciones de riesgo en los
posteriores (almacenes, entregas, producción etc.); entonces, es
perfectamente lógico que todos los trabajos han de hacerse "como si pudieran
causar un accidente" para que toda la cadena tenga seguridad.
Trabajar preventivamente no significa ser
lento, significa usar la anticipación en cada parte del proceso, es, en
pocas palabras, "hacer las cosas bien" para el siguiente de la cadena, o sea
el cliente (aunque no sepamos quién es).
Trabajar preventivamente, en el sentido
propuesto, permite eliminar los accidentes y las enfermedades profesionales,
pero también un montón de otros hechos indeseados, tales como errores,
retrasos, repeticiones etc., que cuestan a la empresa el "coste de la no
calidad". Por eso, como todos los procesos van en cadena, cuando ésta
trabaja preventivamente, la empresa aumenta la productividad. Implantar
"esta" Cultura Preventiva es una inversión rentable por partida doble.
El concepto propuesto de cultura
preventiva permite al empresario "ponerse las pilas" y gestionar para que él
mismo, sus directivos, técnicos y trabajadores trabajen de esa manera; como
está basada en los procesos individuales propios de la empresa, puede
hacerse sin expertos externos y con poca inversión. Naturalmente hay otras
dificultades, pero sin duda, el concepto que se propone permite ponerse en
marcha y solucionarlas.
El lector puede obtener más información de
esta "filosofía de dirección" visitando la página web del autor o asistiendo
a la jornada "La gestión preventiva: una situación en la que todos ganan. El
método AMeP Safe-Pro©", que ofrecerá en el Colegio de Ingenieros Superiores
Industriales de la C.V. (http://www.iicv.net/) el día 27 de Noviembre
de 7:00 a 8:30 de la tarde en C/ Libreros 3, Valencia.
A. Mendoza, Ingeniero Industrial, http://www.mendoza-ingeniero.com/
Aparecido
en El Levante el 27.11.03
La cultura preventiva, "algo así como que
la prevención forme parte de nuestra forma de ser", es un concepto muy poco
definido que "no se sabe pesar ni medir, a pesar de lo cual abundan las
recetas para mejorarla". Así es difícil o imposible, gestionarla
empresarialmente, lo que ayuda a explicar por qué todavía la prevención no
se ha integrado en las empresas. Concretar el concepto a una forma
gestionable empresarialmente es vital para resolver el problema.
En nuestro método, cultura preventiva es
"trabajar para el siguiente", es decir, "trabajar como si el trabajo en
curso pudiera causar un accidente (a otros)". Se basa en la constatación de
que los procesos empresariales van en cadena, y aporta la idea de que el
"cliente" de la seguridad es, además de uno mismo, alguien que realiza
trabajos posteriores. Esta forma de trabajar puede resumirse como "hacer las
cosas bien" y es gestionable empresarialmente contando con la evaluación del
"que viene detrás" pues, como dice Crosby, el famoso gurú de la calidad:
"todo se puede medir si hace falta; cuando todo lo demás falla, la opinión
del cliente del proceso es una forma de medida"
"Trabajar para el siguiente" representa un
cambio cultural allí donde el trabajo insolidario, o la cultura del "listo",
es lo que priva. Para llevar adelante ese cambio se requiere la "gestión del
cambio cultural". La cultura preventiva elimina los accidentes, y otros
hechos indeseados, porque quita su causa principal: las imprevenciones en la
ejecución de los trabajos previos; por ello, cultura preventiva, cero
accidentes y aumento de la productividad son partes del mismo "todo".
El cambio cultural que requiere la cultura
preventiva, hay que ponerlo en marcha en la gran mayoría de las empresa
particulares; ¿no sería bueno que este tipo de ideas concretas: "trabajar
para el siguiente", "proceso de trabajo individual", "cero accidentes lo
único aceptable", "gestión del cambio cultural" etc. y las herramientas
empresariales para llevarlas a cabo, fueran incorporadas, por quien
corresponda, al "aparato" de la prevención? Sí lo sería, y ¿qué mejor
ocasión que la modificación del marco normativo que se está preparando,
para, esta vez sí, eliminar la siniestralidad?.
El día 27 de Noviembre se celebró con
éxito una charla en el Colegio de Ingenieros Superiores de Valencia con el
título: La gestión preventiva de las empresas: una situación en la que todos
ganan. El método AMeP Safe-Pro©" en donde el autor tuvo el gusto de
presentar el sistema y su libro. Los lectores interesados en este
apasionante tema pueden consultar la página web del autor:
www.mendoza-ingeniero.com
A. Mendoza, Ingeniero
Industrial.
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